Meine Katze (Mi gato)

Las personas que tenemos gatos nos hemos sentido frustrados en muchas oportunidades por no poder mantener una conversación con ellos; nosotros sí les hablamos, pero su forma de responder -luego de la mirada superior y arrogante que generalmente nos envían- es, por decirlo menos, estéril.

No me quise quedar así, viviendo en la frustración de no poder conversar con Yellow, mi gato macho alfa varón que por más de 10 años ya, y desde que era no más grande que mi zapato, me ha acompañado en esta aventura de la vida.

Entonces sospeché que quizás no le estaba hablando en el idioma adecuado. Intenté primero con algunas palabras en africano básico, ya que el gato montés de allí fue el tatarabuelo de todos los gatos y pensé que algo debería entender el michi mío. Pero nada.

Luego probé tratando de pronunciar algunos saludos que encontré en la tumba de tres faraones diferentes; tampoco tuve suerte, aunque pueda ser que estuviera pronunciando mal algunos de los dibujitos que estaban allí. Ni siquiera el invocar de rodillas a Bastet, diosa egipcia con cabeza de gato, sirvió de algo.

Revisando la historia noté que los gatos viajaron en barco y llegaron a Europa. Hum, de pronto el alemán podría ser útil, como lo es para los perros Pastor Alemán; quizás mi gato conservaba algo de sangre teutónica a pesar de haber nacido en un humilde parqueadero estrato 5 en Bogotá.

Cambié de idioma entonces. Un día, de la nada, le dije “Hallo!” (Hola). Vi que Yellow había sido cogido por sorpresa, y en vez de llorar como una Magdalena contestando mis saludos en español, se quedó quieto, como extrañado, o quizás viajando a la infancia de algún pariente lejano, muy lejano.

Como empezó a funcionar, me animé, y con mi alemán nivel “Bebé de un año” de Duolingo le tiré la siguiente frase: «Wie geht’s?» (Cómo vas).

Yellow comenzó a reaccionar. Armó con 3 maullidos una frase ya mucho más estructurada y seria, casi dándome órdenes, de la que entendí claramente “ich bin hungrig” (tengo hambre), y mientras lo hacía caminaba hacia la Küche, perdón, hacia la cocina.

Un éxito. la cosa andaba muy bien. Ahora, este gato bilingüe acostumbra a hacer una caminata digestiva justo después de engullir su ración diaria de comida húmeda brasileña que combina en las mañanas con pepas de salmón de Alaska y carne de ciervo salvaje. Para ello, esta vez solo maulló una vez, quizás sintiéndose demasiado lleno, y claramente le entendí la orden: “draußen” (Afuera).

Estaba asombrado. Este descubrimiento tenía que ir a la National Geographic, para que todo esclavo de gatos en el mundo pudiera hablar y entender claramente a sus peludos amos. Ahora sí la NASA los podría contratar y llevar de vuelta al espacio de donde descendieron escondidos en las naves nodrizas extraterrestres hace miles de años en el norte de África.

Fué en ese corto momento de gloria en el que una pequeña lengua fría y viscosa recorrió mi nariz; mi buen gato me estaba despertando; me había quedado dormido tomando una lección de Alemán. Mi sueño de fama y fortuna, y de ser el esclavo del gato más talentoso del mundo había sido solo eso, un sueño. “Sehr schlecht” (muy mal).

Pero no se confundan: los gatos (Die Katzen) son animales muy inteligentes, que no pierden el tiempo aprendiendo idiomas para comunicarse con nosotros. Lo hacen con gestos, con maullidos de diferentes tonos, y son, por decirlo menos, muy convincentes en sus peticiones y/o necesidades.

Y aunque mi gato no es muy obediente (Meine katze ist nicht brav) admiro su naturaleza independiente y su amor y compañía que me regala diariamente a “garritas” llenas.

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