Texto del correo electrónico de despedida a mi equipo en ALIAR, al dejar el cargo de Gerente de Tecnología, e irme a disfrutar de mi jubilación, a mediados de Julio de 2025.
“Y lo que cambió ayer, Tendrá que cambiar mañana”, cantaba Mercedes Sosa; y es una verdad tan grande que en ella se basa la vida en el universo. ¿Pueden imaginar una humanidad sin cambios? Imposible. Los pequeños deben crecer para aprender a cuidarse ellos mismos. Los hijos deben volverse padres para entender a los suyos. El otoño debe volverse invierno para aprender a extrañar a la primavera. Las flores deben morir para regar sus semillas por el viento y modificar el paisaje. No hay otro modo.
Me llegó entonces la hora de cambiar; nada menos y nada más que de vida. Después de casi 40 años de estar trabajando de manera ininterrumpida, llega la hora de la pausa, del análisis, de la recompensa de ver nuevos atardeceres lejanos, de escuchar nuevas melodías aladas, de disfrutar de las alegrías de mis hijos, de cosechar lo sembrado, pero sobre todo de agradecer. Gracias en primera instancia a la empresa que me dio la oportunidad, en especial a Rodrigo, quien me confió la inmensa responsabilidad de dirigir al naciente departamento de Tecnología.
Gracias por haber tenido el privilegio de contar con la amistad, el respeto y (espero) el cariño de un equipo excepcional de profesionales, equipo que fuimos depurando con el tiempo; ustedes me demostraron en estos seis años y medio lealtad, profesionalismo y una gran ética de trabajo que nos permitió cumplir muchas metas -a pesar de los pesares-.
Debo mencionar de manera especial al Ing. Andrés, quien además de ser un ingeniero de un conocimiento y claridad excepcionales, es un excelente ser humano, quien me premió con su amistad y su apoyo durante todo el tiempo en esta empresa. Espero haber podido compensarle todo lo recibido en algún grado cuando en las largas charlas trascendentales intercambiamos experiencias y soñábamos y construíamos en el aire un mejor departamento, digno de una empresa como Aliar.
Pero todos y cada uno de quienes componen el equipo merecen mi admiración y mi agradecimiento. Con algunos ya tenemos una historia de años de amistad y compañerismo, historia que hoy se transforma, pero que continua.
La jubilación, como yo la veo, es un paso más, una evolución, una puerta que se cierra pero un universo que se abre. No es el final de la vida, más bien el comienzo de una nueva. Es un aire fresco de un nuevo amanecer. Es cierto, es el comienzo del camino otoñal, pero al que llego con el ánimo y la voluntad de devorarlo un día a la vez, con la salud lo suficientemente buena para disfrutarlo, y con la ilusión y la tranquilidad de haber creado este equipo que hoy, como un padre orgulloso, dejo atrás, a la merced de los nuevos vientos y la buena mar que se avecinan y que bien se merecen.
Y lo que cambió en enero del 2019, tenía que cambiar en el futuro. Ese futuro llegó. Es el 2025. Creo, de corazón, que la versión actual de ustedes y de la organización es mejor que la de hace seis años. Espero que haya podido influir positivamente en al menos una pequeña parte de esa transformación: si eso es así, muy satisfecho me voy. Un fuerte abrazo.
Su amigo de siempre, René.